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La investigación del maestro Donadío se sustenta en el testimonio de un anónimo sobre una reunión en la que participaron dos muertos y un militar no identificado.

Por Daniel Coronell

Nadie ha dicho esto, pero pienso que es un ingrediente indispensable para la controversia armada a raíz de la columna de Alberto Donadío y publicada en Los Danieles: Virgilio Barco empezó a manifestar síntomas de alzhéimer antes de llegar a la Presidencia de la República. Oí a su antecesor Belisario Betancur contando que en la primera reunión, después de la elección, Barco tuvo lo que él llamó un momento de extravío”. Relató el expresidente Betancur, en una mesa en la que estaban otras dos personas, que se angustió porque en medio de la conversación de empalme, Barco se quedó en silencio y con la mirada perdida por unos segundos. Para esa época debía tener apenas 64 años.

También supe por un técnico de un estudio privado de televisión, que Virgilio Barco usaba para grabar sus mensajes, que al candidato le costaba mucho trabajo concentrarse durante las sesiones que terminaban volviéndose eternas.

Durante esa campaña, en la que Barco terminó venciendo al conservador Álvaro Gómez Hurtado, empezaron a surgir los chistes sobre la capacidad de atención e improvisación del candidato liberal que jamás aceptó un debate. Recuerdo una de esas bromas crueles que aseguraba que Barco remató un discurso con tres vivas al Partido Liberal: “Una improvisada y dos en el teleprompter”.

Desde el comienzo del gobierno fueron contadas las apariciones públicas del jefe de Estado. A los reporteros que cubrían la sede presidencial pocas veces les dirigía la palabra y cuando les contestaba alguna pregunta lo hacía de manera ruda, apresurada y algunas veces sin coherencia.

Muy pronto fue público que las decisiones de Estado las venían tomando unas personas cercanas al mandatario pero no él. Se hablaba del “sanedrín de Barco”: Mario Latorre, Gustavo Vasco, Fernando Cepeda, Rafael Rivas y Juan José Turbay. También era mencionado como parte de ese grupo César Gaviria, quien ocupó los ministerios de Hacienda y de Gobierno durante su administración.

Pero por encima de todos ellos el hombre más influyente de Palacio era Germán Montoya, secretario general de la Presidencia. No era el poder detrás del trono, como acostumbra a decirse, Montoya era el trono mismo.

Él era quien se reunía con empresarios y hacía las alianzas con los políticos, era el hombre que le daba la línea del gobierno a los directores de los medios y el que supervisaba el trabajo de los ministros.

Germán Montoya era el verdadero presidente de la república mientras Virgilio Barco se iba hundiendo en las brumas de la amnesia y de una precoz demencia senil.

Mientras eso pasaba, Colombia vivía el comienzo del narcoterrorismo liderado por Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha. Se multiplicaban los carros bomba en las ciudades y las masacres en el campo.

Para el cartel de Medellín era tan claro que el verdadero poder lo tenía Montoya que era a él, y no a Barco, a quien le mandaban razones para levantar la extradición.  Los primeros emisarios que los narcos le enviaron a Germán Montoya fueron el exministro Joaquín Vallejo y el abogado Guido Parra.

Pablo Escobar secuestró y después liberó a Álvaro Diego Montoya, el hijo de “don Germán” como todo el mundo llamaba al hombre fuerte de la Casa de Nariño. Más tarde, Escobar asesinó a doña Marina Montoya, hermana del todopoderoso secretario general. Ella nada tenía que ver con las decisiones de don Germán, vivía de un pequeño restaurante popular llamado “Las tías” en el barrio Polo Club de Bogotá.

Al tiempo con el narcoterrorismo avanzaba el criminal exterminio de la Unión Patriótica. La UP era un partido político creado por sindicalistas, militantes de la izquierda desarmada, y guerrilleros de las Farc que habían pactado una tregua con el gobierno de Betancur. Más de 3.000 personas fueron asesinadas.

En el genocidio político participaron narcotraficantes como Gonzalo Rodríguez Gacha, que fue su patrocinador inicial, grupos paramilitares y –claro que sí– agentes del Estado: miembros del Ejército, la Policía y el DAS.

Alberto Donadío no se inventó lo que dice. Una fuente que él no puede revelar, y en la que tiene razones para confiar, asegura que asistió a una reunión en la que estuvieron Barco, Montoya y un alto mando militar, y en la que se habló de la supuesta recomendación de Rafi Eitan, asesor israelí, de eliminar a los miembros de la UP.

De acuerdo con el relato de la fuente confidencial de Donadío: “Barco no dijo en esa reunión que matar a opositores políticos era gangsterismo”.

Probar, más allá de cualquier duda, lo que dice la fuente es imposible. Muchas veces, como en esta columna que ustedes están leyendo, las fuentes son ciertas pero no pueden o no quieren ratificarse en lo dicho aunque existan elementos fácticos que confirmen partes de la versión.

Por todo eso, me temo mucho que hasta aquí puede llegar la investigación del maestro Donadío porque se sustenta en el testimonio de un anónimo sobre una reunión en la que participaron dos muertos y un militar no identificado. Y en la que uno de los fallecidos refiere lo que dice haber oído de otro que no estaba presente en la reunión para contradecirlo y que tristemente también partió ya de este mundo.

Lo que podía ser un punto de partida es fatalmente el mismo punto de llegada. Muy buen material para una novela universal como Pedro Páramo donde los muertos hablan y resuelven sus problemas, pero necesariamente escaso para consolidar una investigación periodística. A menos que la fuente decida identificarse.

Sin embargo, lo que más me llama la atención es que los ardientes defensores de Barco lo están retratando ahora como un mandatario diligente, en control del país, al mando de las Fuerzas Militares y consciente de todo lo que sucedía.

Y perdónenme, respetados señores, pero los indicios muestran exactamente lo contrario: el presidente Virgilio Barco vivió su gobierno bastante desconectado.

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Categories: Columnas

2 Comments

BARCO EXTRAVIADO

  1. Buen día
    Tal vez tenga razón el periodista Coronel sobre este tema, pero también hay que pensar en que hace falta investigación para caracterizar lo que fué el gobierno de Barco, por ahí se podría empezar para dilucidar esto…
    Gracias

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