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“Pescaooo, pescaooo de maa freeco”, se escuchó de repente un pregón, rompiendo el silencio del trinar de los pájaros.

Epa!, pensé, se inició el retorno al “trabajo inteligente” anunciado por el gobierno!
Fue solo una ilusión, fugaz, de mi inclinación natural a la proporcionalidad. Pronto recobré la cordura. El concepto de justicia y equidad solo perdura en la literatura.
Para las decisiones de gobierno no cuentan los legados de tantos pensadores que discurrieron sobre el tema. Para tiempos como estos, solo pesa una lamentable expresión de un presidente americano: “..es la economía, estúpido”.
No dudo que sea una frase que refleja perfectamente lo necesario en estás circunstancias, pero en el sentido contrario: “NO es la economía……”.
La supervivencia no es, para nada, el parámetro a considerar para los gobernantes, incluido lamentablemente al de Colombia. Viven en un mundo distinto, exclusivo, diametral al de la gran mayoría de sus gobernados. Su realidad e importancia solo es un recurso retórico, una falacia populista.
Peor aún: cuando hablan de la necesidad de atender la economía, solo tienen en mente aquella concepción que contempla los intereses de la élite. Poniendo de presente, claro, el interés general en apariencia.
Para ellos, solo es válida la ortodoxia, aprendida y vivenciada, por toda la dirigencia occidental y latina, por supuesto, desde hace 50 años.
Solo vale la perspectiva monetaria como política económica instituida. Es un parámetro único, ortodoxamente inobjetable.
Aún así, su aceptación tácita de la aberrante desigualdad, les impide visualizar soluciones factibles, dentro de esa institucionalidad tan celosamente conservada.
Basta unos cuantos cálculos aritméticos, para constatar la ausencia de criterio humano:
Colombia tiene un cupo de 11 mil millones de dólares pre autorizado ante el FFI. Si consideramos 10 millones de familias, cuya supervivencia podría garantizarse con 1 millón mensual, serían 10 billones por mes. El cupo mencionado al cambio de 4 mil serían 44 billones! Esto solo considerando esa alternativa completamente dentro de la ortodoxia y sin usar otras, igual de factibles, en monto y en disponibilidad.
Entonces, porque arriesgar la salud y un posible descontrol de la pandemia, cuando aún la infraestructura hospitalaria y la capacidad de hacer pruebas no se ha logrado, al nivel apenas necesario?
Que importan las utilidades si lo fundamental es mantener la población sana y la infraestructura productiva aceitada y mantenida?
Con todo y eso, si se trata de impactar emocional y mentalmente la disposición hacia el trabajo, porque no iniciar la “apertura inteligente” con la clase más necesitada, los informales y vendedores ambulantes, direccionandolos hacia la prestación de un servicio totalmente necesario cómo el domiciliario?
No. No se trata de compaginar, inteligentemente, la apertura de trabajo con quienes tienen realmente necesidad vital de laborar, sinó que hay que calmar el afán utilitarista de la élite, usando la falacia de la “economía” monetariamente concebida.
Columna Ciudadana
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Categories: Notas Ciudadanas

5 Comments

Columna: Desigual inteligencia

  1. Gracias por publicar columnas, claras, objetivas e independientes. Colombia lo necesita, no se pueden cumplir requisitos de independencia y de verdad, cuando los medios de comunicación son propiedad de los más ricos de esta Nación. Necesitamos estos medios prensa especializada e independiente, sigan adelante por favor.

  2. Totalmente de acuerdo, el reinicio a laborar inteligente para solo la clase que tiene el poder de ordenar al gobierno, como es el de manufactura y construcción.
    Donde esta la protección a la clase informal que es el grueso de nuestra población?

  3. Saludos, buena columna, pero tiene un error de buena fe: no fue un presidente de EE.UU quien dijo es la economía, estúpido sino un asesor económico, el señor James Carville.

    1. Muy buena columna, la clase popular es la carne de cañón de los dirigentes, los mandan a trabajar y a esparcir el virus sin tener la seguridad que su trabajo va a estar con riesgos controlables. Mientras ellos en sus casas o fincas tranquilamente ven cómo vuelven a entrar en sus arcas los dineros que no les hace falta ahora.

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