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HACER LO CORRECTO

 

Julio Gutiérrez Sanín

Algunas personas creen que la pandemia del coronavirus va a cambiar a la humanidad al hacerla caer dolorosamente en cuenta de la necesidad de valores como la solidaridad, el respeto por la naturaleza y la tolerancia. Según algunos de los más radicales de estos optimistas la tragedia que estamos viviendo facilitará incluso un despertar espiritual que nos llevará como especie al desarrollo de una consciencia superior

Otros reaccionan a estas creencias compadeciéndose de la ingenuidad de quienes las expresan. Como hizo Voltaire en su momento al escribir su Candide contra la teoría de Leibniz (todo sucede para bien), estos que podríamos llamar pesimistas o realistas fundamentan su visión menos prometedora del futuro en hechos que se repiten a lo largo de la historia. La codicia no desaparecerá en un mundo empobrecido; por el contrario, se exacerbará. El egoísmo y el miedo en un mundo amenazado serán peores. Los gobiernos corruptos del mundo aprovecharán los poderes excepcionales, ganados con el pretexto de salvaguardar la salud pública, para imponer el autoritarismo global. Así los tiranos y sus sátrapas vivirán del injusto despojo de las masas y la miseria imperará suprema.

¿Quién tiene la razón? Probablemente ambos. La verdad es que una sociedad se construye o destruye según su reacción a los grandes retos de cada época. Esta reacción incluye muchas veces la crisis de viejos valores y visiones del mundo y el surgimiento de otros. Como estructura biológica, ninguna sociedad se mantiene en equilibrio; si perdura es porque cambia o, al decir de Prygogine, logra disipar el caos y encontrar un estado superior. El porqué de los retos, entonces, pierde importancia (siempre habrá cambios y tendencias caóticas) frente al para qué o en qué resultan. Quizás nunca sepamos porqué se originó la pandemia del covid 19. ¿Fue por culpa de un grupito de gente a la que le gusta comer murciélagos? ¿Fue por la codicia, la estupidez y las fallas técnicas de científicos degenerados que dedican sus talentos a la guerra biológica? Va a ser muy difícil que se sepa alguna vez. En cambio, sí tenemos el privilegio de elegir para qué queremos que sirva esta coyuntura. La emergencia ha desnudado todas nuestras fallas y las ha puesto bajo los reflectores. Eso debería servir para un rediseño. Consideremos dos fallas raizales: la tragedia del neoliberalismo y la tragedia del cientifismo.  O lo que podríamos llamar la muerte de la Ética.

La tragedia del neoliberalismo consiste en que dejó de ser un sistema económico para convertirse en un paradigma cultural. El lucro se convirtió en el máximo valor y en el rasero por el que se mide todo lo demás. La tragedia del cientifismo consiste en que la ciencia, que alguna vez salvó a la humanidad del imperio del dogma religioso, se volvió dogmática a su vez. Y le recortó dimensiones importantes a la sabiduría, relegando a la ética al cajón de los recuerdos e ignorando la emoción y su poder como motor de la realidad. Y optó por negar el espíritu, nuestra conciencia expandida que va más allá del cuerpo y es nuestro vínculo auténtico con el cosmos.

Estas son las creencias básicas que derivan de los anteriores paradigmas:

Vengo de la nada y voy hacia la nada. En esencia, soy trivial. Lo único que le da valor a mi existencia es lo que alcance a ganar. Estas creencias constituyen una crisis de valores que afecta primordialmente a la élite y luego se va difundiendo a todas las capas de la sociedad.

La codicia se muestra entonces en todo su esplendor. El alto funcionario roba en grande. El mando medio y el pequeño funcionario roban según su capacidad. El sector privado contribuye también a la corrupción (quién no recuerda a Odebrecht) y las autoridades de control se hacen venales., Los bancos se vuelven centros de usura, El comercio en pequeña escala se llena de acaparadores, especuladores y falsificadores. La lascivia (la codicia de la carne) da lugar a educadores, orientadores y cuidadores pedófilos y violadores. La violencia y el delito se vuelven opciones de vida cada vez más frecuentes, El discurso político de los rebeldes no alcanza a disimular su desmedido apetito por el negocio de los estupefacientes. El dinero mal habido se convierte en instrumento de ascenso social y pasaporte de aceptación en las altas esferas, con invitaciones a eventos sociales y manifestaciones de compadrazgo en círculos de poder en lugar de rechazo moral.

¿El resultado? Se pierde la confianza. La gente no confía en las instituciones públicas ni privadas, no confía en las elecciones, no confía en sus vecinos ni en sus empleados ni en sus jefes, ni siquiera en su familia. Tampoco confía en las noticias oficiales ni en las de las redes sociales. La palabra ya no es garantía de nada y los documentos, (con cada vez mejor tecnología para la falsificación), tampoco.

La confianza es un pegamento indispensable para mantener el tejido social. Una sociedad sin confianza no es viable. Entiéndase: nuestra sociedad, desde antes de la pandemia, ya se hacía cada vez menos viable. Aprovechar la pandemia para empezar a hacerla viable no es optativo, es imperativo.

Se ha hablado mucho sobre cómo sanar el tejido productivo de nuestra sociedad una vez superada la emergencia de salud. Una idea que pide a gritos su implementación es la inversión en educación, ciencia y tecnología. Estaríamos mucho mejor si aquí mismo pudiéramos fabricar los reactivos para las pruebas de laboratorio, los respiradores, las máscaras, etcétera. Estaríamos mucho mejor si pudiéramos estudiar a fondo los virus y las super bacterias y la toxicidad de los agentes anti-infecciosos y contribuir al mundo nuestras propias ideas acerca de lo que está pasando. Estaríamos mejor si pudiéramos construir por nuestra cuenta la infraestructura necesaria para garantizar la seguridad alimentaria. Pero para que todo eso funcione requerimos resucitar la ética para recuperar la confianza. ¿De qué nos sirve fabricar nuestras propias pruebas clínicas si los resultados no son de fiar? ¿De qué nos serviría fabricar máscaras que no protegen? ¿De qué nos sirve construir puentes si se caen?  ¿De qué nos sirve iniciar carreteras que nunca llegan a su destino? ¿De qué nos sirve inyectarle billones a la economía o a la ciencia o a lo que sea, si tampoco terminan por llegar a destino? En este país, según cálculos conservadores, se pueden perder en un año cerca de 50 billones de pesos por la corrupción. Sí, leyó usted bien, cincuenta millones de millones de pesos. Si repartiéramos esa suma entre los aproximados 50 millones de habitantes, el gobierno habría podido subsidiar por la pandemia a cada colombiano, desde los recién nacidos hasta los más ancianos, con un millón de pesos, o un promedio de $4’600,000 por hogar.

Empecemos por construir la cultura de hacer lo correcto.  “Correcto” es un término multidimensional. Exige oportunidad, conocimiento e intención. Para que una acción sea correcta, debe ser oportuna y adecuada, ser bien planeada y ejecutada y tener la intención correcta. No digamos “buenas intenciones” porque con ellas está pavimentado el camino del infierno, como dijo Huxley. Cosas como la bomba atómica, el holocausto y las masacres se apoyan en lo que unos cuantos consideraron “buenas intenciones”. La intención correcta se nutre de aquel viejo y noble principio de la medicina: ante todo, no hacer daño. Y los medios no están justificados por los fines, sino que deben respetar el mismo principio. Por eso cosas como el Fracking y la fumigación  aérea extendida con sustancias cancerígenas no clasifican como correctas, aunque sean económicamente convenientes para algunos (que, por cierto, no somos los colombianos. Ni tampoco la humanidad en general).

Hacer lo correcto muchas veces es exigente y complejo. Y demanda tanto verticalidad moral como flexibilidad mental. En la crisis económica mundial no nos sirve el apego al monetarismo al estilo del FMI ni tampoco los postulados marxistas rígidos. Como aconsejaba J.K. Galbraith; si el mercado funciona, actuemos mediante el mercado; pero si lo que requerimos es la intervención del Estado, hagamos que intervenga. E. F. Schumacher decía que los problemas esenciales de la vida no tienen soluciones convergentes sino divergentes: hay que conjugar opuestos, como emitir dinero y evitar la hiperinflación. Siendo que el Estado ya intervino en la economía, obligándola a un paro prolongado, ahora le toca rescatarla, El adecuado manejo de la economía en este punto no es el ahorro y la reducción del gasto, sino la consecución creativa de recursos.

Pero de nuevo, para que esos recursos sirvan de algo, hay que cambiar profundamente la cultura individual y colectiva. Hay que dejar los eufemismos y llamar a las cosas por su nombre;

Si usted, como contratante o como contratado, engaña al Estado en cuanto al precio o la calidad de los servicios o productos que ofrece, no es una persona inteligente que aprovecha las oportunidades que se le presentan; es un hampón, un ratero y, en estas circunstancias, incluso un traidor a la patria.  Hacer lo correcto es actuar con honradez y ser estricto con el cumplimiento de las acciones y controles que le corresponden. Necesitamos que el Estado, los bancos, las empresas, los asalariados, los independientes, los pensionados, en fin, todos nosotros, hagamos lo correcto en nuestros respectivos ámbitos. Y es la clase dirigente la que tiene que liderar el advenimiento de esta nueva cultura, fundamentalmente con el ejemplo. Solamente así le dejaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos una Colombia donde sea deseable vivir. Yo quiero que mis nietos puedan mostrar su pasaporte con orgullo en cualquier parte del mundo. ¿No quiere lo mismo usted también?

 

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Categories: Notas Ciudadanas

21 Comments

Columna: Hacer lo Correcto

  1. Excelente PLAN DE VUELO. El problema es cómo ejecutarlo. Los latinos somos excelentes ideólogos, pero pésimos ejecutores. Nuestro Capital Social ( valores, creencias, tradiciones, etc) del cual es elemento esencial la confianza de los ciudadanos en las autoridades e instituciones, se ha venido devaluando cada día, en forma acelerada. Cómo revertir esta tendencia?. En 1808 precisamente en Popayán, Humbolt escribió : la codicia, la ignorancia y la vanidad harán este planeta inhabitable, y los demás planetas a los cuales el hombre llegará algún día

  2. Claro que sí. Hay mucho falto de lógica, para evaluar que la afinidad, sincronicidad, perfección de la naturaleza y la misma “maquina” humana, no es evolución, es de un sabio inimaginable. Según Michio, vivimos en un “Matrix”: “He llegado a la conclusión de que estamos en un mundo hecho por reglas creadas por una inteligencia, compleja e impensable.DIOS. Analizando el comportamiento de la materia a escala subatómica, afectado por el semi radio primitivo de taquiones, un diminuto punto en el espacio.-Según Gerald Schroeder, estudioso de la Torá (Ley de Moisés) y doctor en física por Instituto de Tecnología de Massachusetts, este descubrimiento revela un aspecto natural de Dios. “La física cuántica ha descubierto que el universo puede ser creado a partir de la nada, ya que ha sido a través de las fuerzas de la naturaleza”, “Las leyes de la naturaleza no son físicas, ellas actúan sobre lo físico. Ellas anteceden el universo”. Roger Penrose, prestigioso físico y matemático de la Universidad de Oxford, señala que sólo existe una posibilidad entre 10 elevado a 10 y elevado a 123 de que nuestro universo presente tal perfección y precisión. Se trata de una probabilidad tan increíblemente pequeña que ni siquiera podemos hacernos una idea.¬- si la masa del protón variase en un ínfimo porcentaje, no habría átomos, tampoco materia ni nosotros existiríamos.- etc etc etc. No obstante, hay “ilustrados”, que son ateos por “modernismo” o moda, que ESTUPIDEZ !!!

  3. En este país, la clase política está tan carcomida por la avaricia que de la única manera que podamos hacer que este país sea decente es aniquilando a todos los políticos, congreso, Cortés y los órganos que supuestamente son de control.
    No hay nada para rescatar. Hay que empezar de cero

  4. Comentar su columna, Sr Gutiérrez, requeriría mucho más que este corto espacio. Me conformo en expresar mi beneplácito por la oportunidad que nos brinda “losdanieles.digital”, al permitir compartir reflexiones, no solo provenientes del intelecto, sinó con pinceladas de sabiduría.
    Soy de los optimistas: creo en el futuro de la humanidad. Pienso que latinoamerica, en especial Colombia, es tierra fértil para un nuevo escenario de economía política. Encontrar pensadores como usted, refuerzan esa convicción. Llevo veinte años tratando de difundir conceptos en esa misma línea. He profundizado con ensayos, con videos en YouTube (centro ideológico), en revistas académicas, etc. Sin frutos a la vista.
    Haberme publicado en esta revista dos artículos, “Desigualdad inteligencia” y “Estadista”, es un estímulo a persistir, a continuar la lucha por ese propósito tan bien definido por usted. Siento que podemos encontrar “remeros” en el mismo sentido. Doy la bienvenida por esa señal.
    Nuevamente, gracias a “los Danieles” por su apertura. Apoyar la libertad de expresión, el libre pensamiento, es vital para encontrar la salida del caos.
    Algove

  5. Comparto su llamado al rescate de la ética. Estamos obligados a promover el cambio ético si queremos superar la situación generada por este virus, y las más graves situaciones que nos pueden llegar con nuevos virus y posibles catástrofes. Obviamente empezando por el cambio en nosotros mismos.

  6. Interesante artículo. Esta situación que estamos viviendo nos hace reflexionar sobre lo que debería cambiar. Pero será que a la vuelta de la esquina cuando todo tienda a la normalidad persistiremos en el empeño de cambio?

  7. Así es, comparto su pensamiento y análisis. Quisiera estar del lado optimista y trabajo día a día con valor y ética en mi que hacer profesional y personal, pero te chocas tan frecuentemente con esa otra “categoría” de gente, que ya hace parte de ese grupo tan influyente en la sociedad, que ya es, y lo peor, que se convirtió en algo tan natural a la vista y sentir de una sociedad que no se inmuta, que es ciega, muda, sorda y lacaya, ya que su reacción es siempre tan natural como “esto no va a cambiar, siempre es lo mismo, para eso es el poder, que podemos hacer, nada se puede hacer, no se moleste y ofusque con todo eso, el pías es así, los políticos son así, la justicia es esa -palque tiene-…”. Ya todo es tan natural para muchos, que tan es así, que se alienta, respalda, se elogia y se sigue de manera vehemente o indiferente al egoísta, al ladrón (obviamente al de “cuello blanco de elite”, no al de ruana, al que se señala y si se pide hasta la muerte), al corrupto,…” Que nauseabunda e inhumana sociedad se construyo.

  8. Siempre se han suscitado dos cuestiones fundamentales sobre los gobernantes: la cuestión de la capacidad y la cuestión de la confianza.
    Ya hace mucho tiempo que en éste país la capacidad ha sido reemplazada por la mediocridad y la rosca: Basta con ver las sagas y clanes que dominan, desde hace dos siglos, la vida política, económica, jurídica, de medios de comunicación y hasta deportiva o cultural.
    En cuanto a la confianza, es evidente que se perdió hace rato y todos sabemos que es un daño irreparable: la confianza se pierde con facilidad y ya no se recupera nunca.
    Ya ni las empresas tienen planes estratégicos a largo plazo (15 o 20 años), todo es cortoplacista, de inmediatez en resultados, de satisfacción rápida o salida del circuito. Mucho menos los gobiernos o sus oponentes, que miden cada acto en función de medidores de apoyo popular, tendencia del voto y mercadeo publicitario (en lo que se invierten grandes sumas de dinero público y ejemplos muy recientes tenemos).
    Hacer un decálogo de buenas intenciones o deseos está muy bien. Es algo que podemos leer y meditar, los poquitos que en éste país vemos la prensa (muchos somos cuchos, ojalá pensionados, con una opinión intrascedente). La mayoría de la gente, está ocupada en rebuscarse la supervivencia de forma individual y eso ya está bien difícil. El resto de las cosas se observa como accesorio y desde la convicción de no poder hacer nada por mejorarlo. Ni siquiera en época de elecciones: convocatoria tras convocatoria la participación es muy pequeña y favorece siempre a los mismos. Incluso en algo tan importante y trascendente para el futuro del país como fue el plebiscito por los acuerdos de paz, apenas participó la tercera parte del censo electoral. Fue algo casi tan vergonzante como el propio resultado.
    Se habla, en general, de “valores”, ´”ética”, “ciudadanía”, etc. Pero ni siquiera entramos a sopesar que significa cada una de esas cosas para cada persona. Qué son esos “valores” para alguien de esas “personas de bien”, con familia tradicional, y otra bien distinta, para un “minoría étnica” de un barrio marginal, en el que la pobreza endémica, generación tras generación, le induce a actuar creyendo que la única posibilidad de medrar es un eterno rebusque, o incluso con un revolver y una moto. Los primeros siempre votan a quien les ofrezca seguridad (aunque sea “democrática”) y los segundos votan muy poco y al mejor postor (material o propagandístico). Ninguno de los dos va a tener un criterio objetivo, si es que lo tiene, en su única y dispersa capacidad de influencia sobre la marcha de las cosas.
    Ni creemos en la capacidad ni tenemos confianza, nos queda la resignación.

  9. Mil gracias por su columna, es una vision utopica del deber ser en nuestra sociedad que carece de las minimas condiciones de educacion, no obstante a sabiendas de que la implementacion de lo propuesto no es dable,si conforta en grado sumo un plantamiento inteligente, veraz y serio, no todo esta perdido y personas como ud. no deben claudicar. mis respetos.

  10. Muy bien !!!! Me parece estar escuchando aquel tango. Cambalache. Con tristeza no deja de caberme la seguridad que LA ETICA no puede habitar en esta sociedad, y hace un buen tiempo partio de aqui.

  11. Buenas tardes, excelentes reflexiones.

    Sugiero que corrija en el artículo la suma mencionada en el párrafo:
    “…En este país, según cálculos conservadores, se pueden perder en un año cerca de 50 billones de pesos por la corrupción. Sí, leyó usted bien, cincuenta millones de millones de pesos.”

    Está errada la ratificación y no son cincuenta millones sino cincuenta BILLONES.

    Cordial saludo

  12. Qué buen artículo y estoy de acuerdo con lo que escribes señor autor, creería que lo que pasa ahora es la avaricia, vuelvo a reescribir una de las preguntas: de qué nos sirve hacer nuestras propias pruebas sí no están al alcance de todos? De qué nos sirve hacer máscara sí no protegen e insiste en venderlo con precios muy altos? Es hora de resusitar la ética, pero impartida en la familia

  13. Comparto el planteamiento del autor. Por lo tanto, desde mi fundamento Ético, también he compartido el artículo a varias personas.
    Agrego, que el ser humano se construye desde adentro y desde afuera. Del adentro no tenemos responsabilidad alguna, hasta cierto momento. Pero del afuera si que la tenemos. Y la podemos materializar adquiriendo y poniendo en acción una posición crítica fundamentada ética y conceptualmente.
    Por lo tanto, ni optimismo de nueva era, ni pesimismo de fin del mundo.
    En mi c aso, pongo en practica el quinto Acuerdo: “Sé escéptico, pero aprende a escuchar”

  14. Lo fundamental en este proceso de convivir con una amenaza de pandemia, es la certeza de que los gobiernos de cualquier color buscan su beneficio particular, hoy después de 200 años de libertad vemos que nos aquejan muchas falencias, la salud paso al tablero y se rajo de manera abismal. Cuanto dinero ha corrido en estos años por todas las dependencias de salud, las cifras son exorbitantes pero hoy vemos los resultados nulos en dotaciones, instalaciones y personal de atención, porque los dineros han tomado otros rumbos.

    1. “El discurso político de los rebeldes no alcanza a disimular su desmedido apetito por el negocio de los estupefacientes” ¿Se atribuye la afirmación a todos los que nos oponemos a la forma de manejar el estado? Sería cruel e impreciso. Si hace referencia a grupos armados, entonces aplica para los dos extremos violentos. Muchas gracias.

  15. Esta frase me llamo la atención: “Entiéndase: nuestra sociedad, desde antes de la pandemia, ya se hacía cada vez menos viable. Aprovechar la pandemia para empezar a hacerla viable no es optativo, es imperativo.”
    Porque antes estábamos en el caos de la corrupcion y ahora es más rapante con la pandemia. Los poderes fuertes de la sociedad haciéndose más ricos ratificando la corrupcion! 🤦‍♀️😢😢 necesitamos efectivamente inversión en salud pública, alimentación, educación.
    Para que tengamos defensas en nuestro organismo y hagamos frente a las pandemias de salud, y se invierte y mejor el $$ y se acabe con la pandemia de la corrupcion. 🙏🙏🙏

  16. Buen artículo.
    El problema es enfocarlo todo, solamente, desde el “punto de vista horizontal”, olvidando la otra dimensión: “la vertical”, donde se encuentra la ÉTICA, que es el eje conductor de este buen artículo.
    El maestro de la ÉTICA, es Jesús , el de los evangelios, y al morir por su recta conducta, lo hizo en medio de dos ladrones, uno a la “derecha” y otro a la “izquierda”, usando esta pedagógica parábola, para enseñarnos que en la línea “horizontal” del humanismo, desde la extrema derecha, hasta la extrema izquierda sólo tendremos LADRONES!!.
    Propongo, para lograr un cambio, dejar de pensar “horizontalmente” y darle lugar, de una vez por todas, al pensamiento “vertical”, arriba y abajo, donde el protagonista es el maestro Jesús, que nos habló del cielo y del infierno…volvamos a la dimensión vertical y creamos en el evangelio, allí está el cambio y la verdad absoluta de la ética y los valores solidarios. No quiero extenderme en explicar la diferencia entre: espiritualidad y religión, la una es liberadora por su ética y la otra es esclavizadora por su corrupción…
    José Braun.

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