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Por Rubén Zamora

Ex negociador de paz

 El gobierno del presidente Duque viene escalando el  conflicto social y armado en Norte de Santander, con especialmente énfasis en el área metropolitana de Cúcuta y la región del Catatumbo. Y es que hizo a un lado el acuerdo de paz para adoptar medidas represivas como la erradicación forzada de cultivos de uso ilícito, intenta volver a las aspersiones con Glifosato y militarizar el territorio dentro del viejo enfoque de la seguridad democrática de su mentor Álvaro Uribe Vélez.

Es precisamente la profundización de la confrontación armada y el escalamiento de la crisis humanitaria que nos llevó a plantearnos la necesidad de una Mesa Humanitaria para la región del Catatumbo que promueva la implementación de los acuerdos de Paz entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP, lograr en el territorio mínimos humanitarios adicionales a las normas del Derecho Internacional Humanitario y a las normas del Derecho Internacional de los Derechos Humanos e impulsar conversaciones de paz entre el Gobierno de Colombia el Ejército de Liberación Nacional ELN y otras organizaciones alzadas en armas.

En principio, la Mesa Humanitaria fue impulsada por la Asociación Campesina del Catatumbo, ASCANCAT,  La Fundación Vivamos Humanos que lidera el ex presidente Samper, la Coordinadora de Cultivadores de Coca Amapola y Marihuana COCCAM, la Secretaría de Víctimas de la gobernación de Norte de Santander y el Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, luego se fortaleció con el Comité de Integración Social del Catatumbo-CISCA, el Movimiento por la Constituyente Popular-MCP, la Comisión Diocesana por la Reconciliación, la Comisión de paz de Congreso de la República y otras organizaciones sociales muy importantes como la Ruta de protección del Nororiente Colombiano y la Corporación Red Departamental de Derechos Humanos. Esta iniciativa cuenta con el respaldo de las embajadas de Cuba y Noruega , el Sistema de Naciones Unidas, el Sistema Integral de Verdad Justicia, Reparación y No Repetición y la Defensoría Nacional del Pueblo.

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En realidad la Mesa Humanitaria inicia su trabajo por la paz bastante robusta y significa una gran oportunidad para el territorio, que juegue su rol depende en buena medida de la buena voluntad de las organizaciones sociales, del éxito que tenga en el cumplimiento de sus propósitos y del reconocimiento de su gestión de los actores armados facilitando el alcance de los mínimos humanitarios que serían también los mínimos en la lucha por la salida política al conflicto social y armado y la construcción de una paz estable y duradera.

Quienes participamos en la Mesa Humanitaria coincidimos en la necesidad de superar la guerra, de suspender la erradicación forzada de cultivos de uso ilícito y en cambio construir con las comunidades acuerdos colectivos de sustitución voluntaria a partir de implementar la reforma rural integral y el PNIS en la versión original del acuerdo de paz. La mayoría de los participantes entendemos que el programa Catatumbo sostenible se enmarca dentro de la lógica de guerra de la llamadas Zonas Futuro o Zonas Estratégicas de Intervención Integral, réplica de la vieja estrategia de consolidación territorial fundamenta en la llamada seguridad democrática.

Si las organizaciones insurgentes consideran la importancia de la humanización del conflicto mientras se alcanzan acuerdos y paz estarían enviando un mensaje muy importante de buena voluntad que robustecería más la misión de la Mesa Humanitaria para promover iniciativas de paz desde el territorio en clave con la necesidad de detener a quienes quieren mantenernos en la guerra perpetua para justificar sus atrocidades, evitar que el mundo conozca la verdad del conflicto y sus víctimas y cerrar las posibilidades  de una transición hacia una democracia avanzada.

La Mesa Humanitaria es una oportunidad para decirle enérgicamente NO al escalamiento de la guerra del gobierno de IVÁN DUQUE y generar iniciativas de paz desde la cosmovisión de las comunidades campesinas e indígenas y de todas aquellas expresiones políticas que coadyuvan a la búsqueda de una paz estable y duradera. Con claridad meridiana de lo que significa la Mesa Humanitaria llamo muy respetuosamente a las organizaciones alzadas en armas a hacer pública su voluntad de paz empezando por dar a conocer su disposición de apostarle a los Mínimos Humanitarios, que serían reglas construidas de común acuerdo para aliviar el sufrimiento de la población civil en medio de la guerra.

 

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Categories: Notas Ciudadanas

2 Comments

LA MESA HUMANITARIA

  1. No olvidar que Ivanen esto sigue la linea que le tire el que verdaderamente manda y ese le encantan los juegos de guerra porque en ellos son como su refugio de sus últimos años son su escudo protector

  2. Es bien dificil pretender implementar los recursos físicos e ideológicos que apunten a la consecución de la paz, desde una orilla cláramente sesgada, máxime por parte de quienes se presume, facilitan la gestión encaminada a la obtención de los fines del caso. La labor del negociador de paz,-así haya culminado su labor-, consiste en regular los criterios y depurar los radicalismos en el sedazo que filtra las impurezas de la objetividad. Sentarse en la mesa humanitaria requiere del despojo de criterios personales,-respetables, eso sí-, para asumir la función de conciliación en el marco de la legalidad, pero por sobre todo con voluntad de acercamiento y de consenso- El planteamiento del columnista és válido y cobra a diario la urgente necesidad de ratificar sin descanso su urgente puesta en marcha en beneficio no únicamente de los nortesantandereanos, sino de todas las regiones que enfrentan la triste realidad de sufrir una guerra sin fin. Es necesario revisar la importancia del lenguaje en temas de tan grueso calibre, y de invitar a quienes se ocupan-como el columnista- de estos cruciales mecanismos a exigirlos al amparo de la ley, pero sin deslegitimar a quien tiene el sartén por el mango.

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