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Para sentarse a llorar
Pobre país. Da tristeza,
pues ya se lo llevó el diablo;
se nos volvió un gran establo
de trampas y de pobreza;
al patrón le da pereza
enderezar la movida,
porque tiene confundida
la palabra gobernar:
piensa que implica mandar…
como a las bestias que cuida.
Escudo y mordaza
De huelga está el cóndor viejo,
molesto con su mordaza;
vuela encima de mi casa
como triste animalejo.
Casi no tiene pellejo,
y así, con su pico tieso,
su cuerpo parece un hueso
y su tristeza una herida;
no quiere pasar su vida
callado, amarrado o preso.
…………….
Les informo un gran suceso:
el asunto está arreglado,
el cóndor fue liberado
y vuela ya de regreso.
Calladita se ve más bonita
—El fondo estamos tocando:
de pronto nos impulsamos
y al subir nos encontramos
con un ya y un hasta cuándo;
y nos iremos librando
de esta pinche dictadura
tan indolente y oscura.
—Mejor quédese callada,
que aquí no se ha dicho nada:
hablar no es cosa segura.
Ellos, los más pequeños
Mi admiración es total
por los niños que han sabido
entender como es debido
lo que implica esta fatal
pandemia tan desigual.
Guardados con sus cerrojos,
con tapabocas y antojos,
aprendieron sin chistar
a leer y descifrar
las sonrisas en los ojos.
¡Que viva el Cambio!
Se oyen de un Cambio rumores;
ante esta nueva propuesta
haremos una gran fiesta
con platillos y tambores.
Serán palabras mayores
que buscan con dignidad
democracia y libertad;
se requiere con urgencia
un medio que dé licencia
al rigor y a la verdad.
– Beatriz Ordóñez

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