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Por: Daniel Guillermo Valencia

El descenso en las matrículas, en universidades públicas y privadas, es un fenómeno que ha venido aumentando en los últimos tres años en Colombia, aunque el bajón se siente más fuerte en las segundas. La pregunta es: ¿por qué los jóvenes no se están matriculando o, por qué, muchos de quienes estaban cursando estudios superiores han desertado? Esta situación no solo se presenta en los programas de pregrado sino en todos los programas de postgrado que se ofrecen en el país. Paradójicamente el fenómeno se produce en un momento en el que las universidades, estatales y privadas, se han metido de lleno en los procesos de acreditación de programas y acreditación institucional, con miras a asegurar la calidad.

El asunto ha sido tema de análisis en los medios de comunicación, y de preocupación entre los directivos de universidades. Varios analistas insisten en señalar, como causa principal, que los programas de educación profesional están rezagados ante los cambios generados por la revolución de la inteligencia artificial, la robótica y la avanzada digitalización en los procesos de producción. En mi concepto, tal hecho no explica con exactitud las causas del fenómeno, porque finalmente la adaptación de todo tipo de tecnologías en los procesos de enseñanza/aprendizaje, a lo largo de la historia, ha sido paulatino e insoslayable, y la escuela toda (de la básica a la superior) siempre ha sabido apropiarlas.

El asunto va por otro lado. Son dos factores principales, específicamente en Colombia, los que están ocasionando el descenso en número de estudiantes en las instituciones de educación superior: los elevados costos de las matrículas y las cada vez más escasas posibilidades de movilidad social que hoy ofrecen los títulos universitarios. El primero está asociado, esencialmente al hecho que Colombia no cuenta con un sólido sistema público de educación que asegure a los estudiantes, sobre todo de los sectores menos favorecidos, el tránsito de la educación media a la educación superior.

Las políticas públicas de educación en Colombia no garantizan la educación como un derecho fundamental, sino como un servicio público que el Estado regula, con lo cual, más del 70% de la educación superior lo ofrece el sector privado. De este, un alto porcentaje está en manos de universidades de dudosa calidad, con poca inversión en la investigación científica y con docentes mal remunerados, en su mayoría contratados por horas. Y en las universidades de alto prestigio, que, sin duda alguna, hacen enormes inversiones para promover la investigación y cuentan con amplias nóminas de profesores de planta bien pagos, el alto valor de las matrículas convierte el acceso a ellas en un privilegio, contribuyendo con esto a prolongar las desigualdades estructurales que el país no ha podido superar en doscientos años de república.

No tenemos universidades estatales grandes, con suficiente presupuesto para ofrecer cupo a toda persona que quiera estudiar una carrera profesional, sin barreras de acceso de ningún tipo, y con sólidos programas de investigación y plantas de profesores altamente calificados. Eso, aseguraría un sistema público de educación superior de calidad, que pondría el punto alto a alcanzar por parte de las universidades privadas y, de paso, les evitaría a estas el desgaste reiterativo que implican los actuales procesos de acreditación.

El segundo factor tiene que ver con los mediocres índices de desarrollo de productividad y de ampliación del mercado interno en el país. Las decisiones políticas, sobre todo las que se han tomado desde 1991 hasta la fecha, desestimulan la producción local, con lo cual, como lo ha sostenido y demostrado con cifras, por décadas, el profesor Eduardo Sarmiento, la agricultura no prospera, la industria se desmanteló y las exportaciones son de bajo valor agregado. Colombia cerró estos últimos diez años con un déficit comercial de US$43.500 millones de dólares, y la actividad económica vive estancada en el comercio de bienes y servicios, y en la exportación de materias primas con precios devaluados en el mercado. Ni siquiera, cuando los precios del petróleo, el carbón y otras materias primas estuvieron altos en los últimos años, se supo aprovechar la avenida de divisas para ampliar el sector industrial y elevar los índices de productividad.

Ese panorama de la economía explica por qué, en el mercado laboral, la mayor parte de los graduados o postgraduados en la educación superior no encuentran trabajo decente, bien remunerado y con todas las garantías sociales y económicas que compensen el esfuerzo hecho. Además, muchos de ellos han tenido que cursar sus estudios con financiación de los bancos y del ICETEX, empeñando su vida profesional hasta por los siguientes veinte años. En esas condiciones, es entendible por qué los jóvenes o no se están matriculando o están desertando de la educación superior; algunos prefieren irse a otros países donde las políticas públicas de educación garantizan mejores condiciones, inclusive para los no nacionales, como es el caso de Argentina. En síntesis, como están hoy las cosas, para la mayor parte de quienes aspiran a ingresar a la educación superior en Colombia, y que provienen de los sectores medios o de bajos recursos, un título universitario de pregrado, de maestría o inclusive de doctorado, no es garantía de movilidad social en el país.

Mientras tanto, los gobernantes siguen haciendo propuestas mezquinas, como la contratación por horas, y formulando políticas públicas educativas improvisadas, en desmedro, cada vez más, del derecho fundamental a la educación. Y, desde un amplio sector del empresariado, se sigue presionando por reformas laborales que les aseguren el aumento desorbitado de sus ganancias a costa de los derechos de los trabajadores, como ha ocurrido en los últimos treinta años. Lo grave de todo esto no es que las universidades pierdan dinero, sino que, sin un sistema público de educación superior amplio y sólido, nunca vamos a alcanzar óptimos niveles de justicia social, de igualdad y de democracia, que nos ayuden a superar la violencia, el atraso y la pobreza en el país.

 

Profesor de la Maestría en Economía y Política de la Educación, de la Universidad Externado de Colombia. Especialista en temas de opinión pública, comunicación y educación, economía política de la comunicación y políticas públicas

 


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Categories: Notas Ciudadanas

6 Comments

¿POR QUÉ DESCIENDEN LAS MATRICULAS EN LAS UNIVERSIDADES EN COLOMBIA?

  1. Nuevamente aquí en el AGORA de los DANIELES. Nos inunda de alegría comprobar que el nivel intelectual de este espacio está subiendo rápidamente. En muy poco tiempo se darán aquí los grandes debates que no se dan ni en el Congreso ni en el Gobierno. A los políticos y caudillos los mueve la emoción y la pasión, a diferencia de los Estadistas y Conductores de la humanidad, que se guían por la razón. Emocionante que a esta AGORA estén llegando los pensadores, proponiendo temas trascendentales, para coneguir una sociedad más igualitaria, en beneficio de todos.
    El tema de la Educación Superior es uno de ellos. Aquí van algunas reflexiones, para enriquecer este debate:
    A) Nuestras universidades son “ISLAS DE CONOCIMIENTO”, desviculadas de las necesidades de las comunidades. Los estudiantes no interactúan con la sociedad, con las pequeñas empresas, la mayoría de ellas empíricas. Si no fuera así por qué se tienen que contratar “EXPERTOS” de afuera para resolver los problemas técnicos más elementales?
    B) Los métodos de enseñanza tradicionales, ya no valen, y esto es más notorio en la Educación Superior. Internet, como en todos los campos, ha patasarribiado la enseñanza. Los buenos maestros (diferente a profesores) son guías, que plantean a diario desafíos y retos a los estudiantes. Cuántos Maestros así hay en las Universidades?. Buena pregunta para la Mineducación.
    C) La disminución en las matrículas no significa que los estudiantes no quieran mejorar su nivel educativo. Todo lo contrario, están buscando ese mejoramiento, pero se han dado cuenta de que la relación beneficio/costo no amerita el esfuerzo.
    D) Las universidades se durmieron sobre los laureles, y no evolucionaron. Antes los estudiantes buscaban a las universidades, ahora las universidades tienen que ir en busca de los estudiantes. Siempre que haya una necesidad habrá una oportunidad, y la necesidad y, quizá mejor el hambre de educación y conocimientos, es mayor ahora que nunca antes.
    E) Como siempre, el Estado es el peor enemigo de las mentes brillantes y de los emprendedores. Si no fuera así, no se entiende por qué el Minsalud ha estado empeñado en perseguir a los Médicos, y muy particularmente ahora en esta crisis. El Invima, en lugar de apoyar a las universidades que están desarrollando los ventiladores para las UCI, se ha dedicado a entorpecer su labor, imponiendo parámetros de eficiencia, vigentes sólo en otras circunstacias, y en otros paises
    F) La Educación Media y Superior ha estado enfocada en formar EMPLEADOS, no EMPRESARIOS. Esta es la razón de la frustración que sienten los Egresados, cuando los Empleadores les ofrecen sueldos de hambre. Aquí vale el Consejo : cuando salga de la Universidad, no se le ocurra vender el taxi, que manejaba cuando era estudiante.
    PD : Qué hace Planeación Nacional en esta pandemia? Por qué tuvieron que montar una Supergerencia de pandemia, para planificar y coordinar a todas las entidades del Estado? Acaso no es ese su papel: coordinar y planificar?

  2. Como lo expresa Thomas Piketty en su ùltimo libro e igual el rector de la universidad de los Andes la desigualdad se siente y segrega en la educación , como alguien del común en el Valle por ejemplo en el Icesi pueda aspirar a posgrados con un costo de $120.000.000.oo si por lo regular viven con deudas del pre grado

  3. De la lectura y la interpretación de su columna ,llega como un relámpago a mi memoria el recuerdo de la cátedra,-más bien, la orientación de vida-,impartida por mi inolvidable maestro, Doctor Fernando Hinestroza. Recuerdo el esmero y la ilusión con la que la noche anterior, preparaba la indumentaria -saco y corbata-, para acudir a la cita sabatina en el paranínfo recién inaugurado en los bajos del ala derecha del edificio, cuyas bases sentaron en la modernidad del alma mater muchos de los inmolados en los hechos funestos del palacio de justicia. Era la época, en que asistir al foro académico, honraba y dignificaba el privilegio de ser Externadista, cuando el decoro y la mística se fundían y en una alquímia de raras y blancas pasiones se soñaba con ser profesional. El profesor Hinestroza sostenía sin ambajes que la educación,- y por lo mismo sus instituciones-, no se podía convertir en un negocio desaforado promotor de la mediocridad y la codicia, codyuvado por la tolerancia y la desidia Estatal. Dicho lo anterior y con referencia a la columna ,no queda más que ponderar el contenido de lo escrito,-por su fundamentada solidez-, cuyo enfoque técnico no desampara el fondo humanista que és inmanente a los externadistas. La disminución de las matrículas en la educación superior, és el efecto generado por la concientización del conglomerado en el sentido de que ésta, se ha convertido en un asunto mercantilista y grosero.

  4. Se podría sugerir que la idea de formación universitaria con la que se concibió el sistema de nuestro país, fue más a imitación del gringo (con preponderancia de la universidad privada) que, por ejemplo, del europeo en donde la mayoría de sus estudiantes están en la universidad pública (en Alemania el 91,1%, y en la mucho más pobre España el 87,2%). En nuestro país el reparto es casi paritario entre pública (50,3%) y privada (49,7%). Con frecuencia se suele atribuir aquí un menor prestigio a la U. pública que a la privada: estudiar en La Javeriana o en Los Andes es, para muchos, sinónimo de brillantez intelectual, mientras que estudiar en la Univalle o en la Nacional viene a ser como un certificado de “mamertería encapuchada”. Detrás de todo hay una idea política y puede que todas las opiniones tendrán argumentos de peso en los que apoyarse.
    En Colombia, (datos de sept. 2019 aparecidos en “Pulzo”), dejaron de inscribirse más de 38.000 estudiantes. Puede que la plata tenga mucho que ver en esto y esa falta de presupuesto nacional y la limitación de puestos en la pública serían determinantes. Pero es que ya en 2017 la revista Semana anunció un descenso paulatino del número de posibles estudiantes por mera demografía y ésto es algo que ya ha venido ocurriendo en Europa desde hace años. En el mismo estudio, ya se verifica que el aumento del precio de las matrículas en la privada estuvo muy por encima de la inflación (un 17% por encima). Parece que la bonanza del negocio en la privada se está acabando. No obstante, el Observatorio Laboral afirma que un ingeniero egresado de los Andes gana casi el doble que otro de la Nacional (2,9 millones frente a 1,6)
    Si vemos el precio de un semestre promedio para esa mitad que estudia en la privada (sin contar medicina que es mucho más cara) tendríamos unos 9 millones de pesos. Es decir, casi 10 salarios mínimos. Calcular el mismo promedio en una pública es difícil dadas las variables socioeconómicas de los alumnos a considerar (las propias universidades públicas tampoco lo facilitan mucho, no se entiende el misterio) y ni Pulzo ni Semana se le midieron al reto de indagarlo.
    Si comparamos con España que, por tamaño de población y ser una economía mediana, podría ser un espejo, vemos que una U. Privada cobra un promedio de 10.000 euros/año (no semestre, allá los precios son por créditos o partes del currículo. Lo normal son 60 créditos/año según la directiva europea llamada “Plan Bolonia” de homologación europea de títulos). Es decir, casi 40 millones de pesos, pero que son 10 salarios mínimos de allá. Es decir, estarían en la misma, pero salvando que allá es un año y acá un semestre y no creo que sean equivalentes. Recordemos que apenas el 23% de los estudiantes españoles lo hacen en la privada. Allá si facilitan datos de precios en la U. Pública y varían mucho de, por ejemplo, Galicia (800 euros/año -3,2 millones de pesos-) a Cataluña (2.000 euros -8 millones). El promedio para España se estima en 1.080 euros/año ( 4 millones), es decir, unos 4 salarios mínimos de allá. Cabe decir que allá solicitan beca del estado el 50% de los estudiantes y la obtienen el 60% de los solicitantes.
    Por último, es posible que se deba pensar también en la tendencia global a la no exigencia de un cartón universitario por las empresas. Ya son muchas a las que les importa menos si el aspirante a un puesto de trabajo tiene un grado universitario o si tiene real conocimiento y experiencia. Es algo que sucede bastante en empresas tecnológicas o comerciales en todo el mundo.
    No parece que haya solución fácil a la vista: las privadas de “alto prestigio” basan buena parte de su estrategia en no ser baratas y para las familias de sus alumnos no parece que sea un problema enorme pagarlas. Para las de menos renombre, la cosa se pone fea y entrarán en una guerra de precios a la baja, posiblemente en demérito de su calidad y muchas de las de “garaje” sencillamente, desaparecerán y se transformarán en “otras cosas” telemáticas. Las públicas, seguirán…como siempre.

  5. Nota para el AGORA de los DANIELES. Soy abogado egresado y graduado de LA UNIVERSIDAD CATOLICA DE COLOMBIA, tuve la fortuna de haber iniciado mis estudios de Derecho en el Externado, por lo que guardo con especial cariño mi paso por allí. mil gracias don Alberto.

  6. Un factor no mencionado en este artículo es la ausencia de educación socio emocional en los colegios, lo que lleva a que los jóvenes ingresen a las universidades con muy baja competencia social.
    La OCDE sugiere reiteradamente incluir este aspecto de la formación personal en los currículos escolares y las pruebas Pisa lo evalúan en sus exámenes. En las universidades ya no es el tiempo para insistir en la formación de esta competencia, que debe estar desde antes consolidada en los estudiantes.
    En síntesis, algo de la solución al problema de la deserción es que desde el colegio se insista en formalizar la educación de la competencia social y se la incluya dentro de sus proyectos educativos institucionales, desde la transición pre-escolar hasta el grado undécimo.

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