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Por Ana Bejarano Ricaurte

“Saquen sus rosarios de nuestros ovarios” es un eslogan feminista originado en los años 70, que desde entonces se esparció como pólvora en protestas de mujeres en toda Iberoamérica. 

Yo vine a conocerlo en las marchas feministas de 2006, cuando la Corte Constitucional dio el primer paso para reconocer los derechos sexuales y reproductivos de las colombianas, al admitir las tres causales en las que se permitiría el aborto. En ese entonces, marché junto a mi amiga y colega Paula Vargas —ahora una consagrada feminista y defensora de derechos humanos—, quien llevaba un cartel que rezaba así.

Paula Vargas García protesta en las escaleras del Palacio de Justicia en 2006.
Paula Vargas García protesta en las escaleras del Palacio de Justicia en 2006.

La frase me cautivó y salí el día siguiente a estampar una camiseta con la contundente declaración, todo un martillazo destinado a marcar territorios con las doctrinas religiosas. Desde aquellos días he vuelto a usarla cuando las proclamas feministas se hacen indispensables en el debate público. Así lo hice el 14 de noviembre en el programa en vivo de Los Danieles. Comentó Daniel Samper Ospina: “La camiseta de Ana Bejarano tiene una leyenda pero no se alcanza a leer bien; quiero saber qué es lo que dice”. Y quién gritó miedo. 

A los pocos minutos recibí de Twitter una notificación en la que me pedía verificar mi identidad con el celular para entrar a la cuenta, acción que no había solicitado. Supuestamente recibiría un mensaje de texto en mi teléfono, pero nunca llegó. Y, tras varios intentos de obtener ese código, la cuenta fue suspendida. Según representantes del pájaro azul, al parecer hubo actividad maliciosa en la cuenta, “o por spam o porque intentaron entrar”, pero alegaron que era imposible saberlo. En conclusión: unos usuarios estaban muy ofendidos conmigo y la plataforma no sabe cómo reaccionar. 

Puedo decir a los ofendidos que frases como “saquen sus rosarios de nuestros ovarios” buscan reconocer que el tratamiento de los derechos de las mujeres por parte del Estado ha sido históricamente determinado por dogmas religiosos. La creencia de que la vida empieza desde la concepción es, por supuesto, de origen católico. Los diversos mecanismos en los que el catolicismo ha ejercido control sobre las familias y las mujeres se han reproducido en la ley. La Iglesia confía la estabilidad de la fe en la vigilancia sobre sus practicantes.  Esto no es una opinión, sino un hecho históricamente estudiado y verificado. 

Lo bueno es que estos creyentes pueden elegir la opción de jamás practicarse un aborto, porque va en contra de sus creencias. Coherente y respetable. Lo que no pueden pretender es que sus credos, profundamente personales, se impongan por fuerza al resto de la comunidad. Claro que hay excepciones, como las Católicas por el Derecho a Decidir, pero en este debate es más usual ver creyentes que quieren atragantar a los demás con el escapulario. Solo pedimos que cada quien decida en qué quiere creer y que esas creencias no sean ley. Nadie se está burlando del rosario, aunque no sé si eso esta prohibido.  

Y entonces ocurre que, ante la alarma de unos pocos por el supuesto alcance ofensivo de la frase, o de otros que quizás querían entrar a mi cuenta para detener su difusión, la solución de Twitter fue suspenderla mientras confirmaba mi identidad. Es loable el esfuerzo de la plataforma por proteger a sus usuarios, pero la decisión resulta extrema e insuficiente. 

Los protocolos para establecer identidades son mal gestionados. Y esta no es una nimiedad administrativa. Twitter debe estar a la altura de sus responsabilidades al ser el panóptico de la nueva plaza pública. Tal vez sin quererlo, este tipo de soluciones cohonesta la censura que algunos persiguen, pues basta con buscar entrar muchas veces a la cuenta de una persona para silenciarla. Al paralizar un perfil por esas razones, siembran la sensación de que el usuario sí se excedió en sus expresiones, sin importar si el problema es o no su contenido. 

No tengo certeza de qué causó la molestia: si fue la camiseta o la columna criticando al ministro de Defensa; tampoco sé exactamente qué generó la alarma sobre mi cuenta, y Twitter debería ser capaz de responder estos interrogantes a cualquier usuario, columnista o no. Simplemente, tras la solidaridad de ustedes, quienes me leen, se reestableció la cuenta. ¡Gracias!  

Insisto: creo profundamente en la libertad de expresarse como presupuesto fundamental de la vida democrática. No veo valor alguno en los discursos de odio, pero sí confío en que ciertas palabras chocantes para algunos mejoran la calidad del debate público, porque nos ponen a pensar y a hablar. Defiendo la existencia de expresiones difíciles sin tener que suscribirlas. Y, por eso mismo, defiendo también la posibilidad de ponerse una camiseta que dice “rosario” aunque yo no lo rece.

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