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Para un alma neurótica, como la mía, quedarme en la casa constituye una verdadera bendición. Por eso he disfrutado de este encierro como si fuera el sueño dorado que siempre pretendí: nada de tener que salir de noche a una comida; nada de tener que asistir al cumpleaños de un amigo: con observar los informes de la doctora Fernanda en Caracol, y llegar despierto para el 1, 2, 3 de CMI, me declaro pleno y tranquilo, casi diría feliz. La única situación difícil es la laboral: el famoso teletrabajo que, digo la verdad, me queda como a Duque su nueva chaqueta: grande.

Sé que en Colombia confinarse es un privilegio; que quienes de verdad padecen la pandemia son los vendedores ambulantes, los hijos del rebusque, y tanta gente que pierde su trabajo por estos días: odontólogos, meseros. Columnistas de revista.

Pierden el trabajo, pero al menos no deben someter su paciencia a esas extrañas reuniones que se realizan a través de una aplicación llamada Zoom en que la pantalla se divide en múltiples pantallitas mientras uno observa, como espiándolos, a diversos compañeros de trabajo, cada uno en su respectivo y curioso espacio doméstico. Indefectiblemente varios se quejan de que se les fue el audio, o de que se les congeló la pantalla, mientras la reunión se demora en comenzar, y se alarga innecesariamente, y uno cree con certeza que toda reunión por Zoom pudo haber sido un chat. Toda. Sin excepción.

Es el momento de reconocer que jamás me he bañado para asistir a las juntas virtuales; que de la cintura para abajo suelo estar en pantalones de piyama. Y que si el mundo cambió para siempre es porque, en adelante, trabajaremos en sudadera, sin salir de la casa, mientras observamos por la ventana que por la ciudad desierta cruzan jabalíes con sus crías.

Ya nunca más sabremos lo que significaba emprender la jornada laboral estando limpios.  Y menos los congresistas, que nunca lo han sabido y que, a la fecha, hacen parte de la única rama del estado que, a diferencia del coronavirus, está inactiva.

Uno observa que el presidente no solo trabaja con los suyos, sino que estrena chaqueta marcada y vaso rotulado con su nombre, como si esta época también fuera su regreso al kínder. Pero, como sea, utiliza la crisis para reinventarse: ahora tiene programa de televisión con William Vinasco Ch., el hombre que suele advertir a los suyos que no lo esperen en la casa, asunto especialmente paradójico en época de confinamiento.

Uno mira a los magistrados de la rama judicial y todos están entregados a largas sesiones de teletrabajo, si bien de la toga hacia abajo algunos andan en boxers: pero con el emoticón de un martillo dictan telesentencias, y ordenan arrestos con ayuda de Telesentinel, y los miembros de cada corte temen que haya un ídem en el servicio de internet para que los procesos no se vuelvan lentos: los procesos de conexión, quiero decir, no los judiciales. Aunque desde el cartel de la toga es evidente que los magistrados tienen buenas conexiones.

El caso de los congresistas, sin embargo, es diferente. Sencillamente no se dignan a empezar sesiones, y por sesiones me refiero tanto a las legislativas, como a las de Windows. Se resistieron a traducirse al formato digital y a organizar cada bancada en grupos de Whatsapp, porque al final no todos funcionan como el Centro Democrático: allá el bondadoso abuelo se sube en una loma del Ubérrimo donde recibe señal, y saca y agrega gente de su banda a sus anchas. A sus bandas anchas.

En otros partidos, en cambio, el asunto es diferente:

— Voy a abrir un chat que se llama Bancada de Cambio Radical –advirtió hace poco Vargas Lleras.

— Ya lo abrí– le dijo Char.

— ¡Esos grupos tan chimbos!- se quejó, acostumbrado a su mala suerte en todo tipo de asuntos digitales.

Soñaba con ver a los congresistas acomodados a las nuevas tecnologías para cumplir con sus jornadas laborales. Quería gritarles, como dijo Gabriela Tafur,  “Teletrabajen, vagos”. A través de un audio de Whatsapp.

Me conectaría para observar la forma en que los congresistas se echan telesiestas; reparten teletajadas con bitcoins; desactivan el Wifi cuando llaman a votación, mientras la bancada del gobierno obedece al telejefe como si fueran Teletubbies.

Gorrearían señal de internet de los vecinos; cobrarían viáticos cada vez que abrieran la aplicación de Google Earth; la bancada conservadora, anticuada como siempre, citaría a las reuniones por Skype y no por Zoom. Y Ernesto Macías volvería a dejar abierto el micrófono.

Y, mientras tanto, libre de humanos, el recinto físico del Capitolio se iría llenando de animales que vuelven de sus escondites. Micos, elefantes, ratas con crías. Zorros. Lobos. Lagartos. Todos se pasearían por las curules, y algunos harían nido en ellas para repoblar la tierra.

Pero Lidio García, presidente del congreso, no fue capaz de citar a las teleplenarias y, de modo tardío, convoca ahora a unas disminuidas reuniones presenciales a las que no asistirán congresistas en alto riesgo de contagio: representantes hipertensos; senadores cuyo pelo, a diferencia de ellos, ya haya ido a la cana. Y quizás algunos miembros de las FARC y herederos de la parapolítica, pese a que unos y otros tienen avanzados conocimientos sobre el mundo de las vacunas.

Casi un mes después de la fecha obligada, el Congreso se dignará, por fin, a trabajar. Una vergüenza el senador García. Es evidente que le faltan pantalones. Si convocara por Zoom, veríamos que los tiene de piyama.

Articulo tomado de: Losdanieles.com

 

 


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Categories: Daniel Samper

63 Comments

🥇 Teletrabajen, vagos. Columna por Daniel Samper

    1. Felicitaciones y completo apoyo a su labor… El estilo que presentan los define y caracteriza, son necesarios para la lucha en mantener la objetividad que tanto hace falta en nuestro país. PA’ LANTE CON TODA!!

  1. Éxitos y sacada del estadio es el único resultado de esta nueva jugadita decente de dos grandes del periodismo.
    Nuestro respaldo y admiración tiene mas valor que la CRUZ DE BOYACA. Saludos

      1. Para fortuna, estamos en una era en la que “expresar” es fácil en virtud de las tecnologías y plataformas para comunicar. Ninguno de los “Danieles” son santo de mi devoción, pero adelante. También los leeré.

    1. Maravillosa columna, buen humor, buen retrato de las ramas del poder, dentro de poco veremos cómo se ellas se guindan micos y gorilas. La dupla con Coronell hacen de este sitio uno agradable par las mentes no manoseadas.

  2. Asi como no hay plata en las empresas para pagar la nomina de los empleados, a estos televagos tampoco el Estado les deberia pagar.

    Mandan nuevo los señores que alquilan los carros blindados a estos televagos; que como el contrato es por un año,no lo pueden suspender ahora que los televagos no los estan usando.Asi como a mi mis inquilinos no me pagan los arriendos por que no estan produciendo economicamente nada,asi mismo este contrato deberia congelarse mientras los televagos no esten utilizando su esquema de seguridad para trabajar.

    Aunque yo si soy furibunda, te leo todas las semana y me divierto muchísimo Daniel,siempre me pregunto de donde sacas tanta mierda semanalmente. Me encanto tu solidaridad con el otro Daniel que tamien como a ti lo detesto pero tamnien lo leo y me parece un señor serio y que hace un excelente trabajo de investigación periodística.

    Que JARTA la revista semana,Vicky, Maria Jimana,Caballero,ni hablar de Cristinita Castro a ella si la quiero jeje, Felipe y …en fin,es que cada vez que escribo algo en Facebook; por q no se como se usa el twiter (gracias a Dios) la cago y Vivi Bagil me bloquea.

    Suerte con este nuevo proyecto Daniel y que alegria seguir leyendo.

    Ojo con el Covid-19 que hasta a un Samper lo puede JODER!!!!

  3. Daniel, ya ni se desde cuando leo sus columnas, debió ser desde ese día que estaba promocionado uno de sus libros en el auditorio de la Universidad Santo Tomas en Tunja, ese libro en el que dibujaba a Roy Barreras como un lagarto, hace mucho tiempo.
    Total apoyo a este sitio, al igual que su contenido en todas su redes

    1. El congreso una vez más nos demuestra que estamos muy mal representados. Daniel gracias por seguirnoslo recordando, aspirando que llegue el dia en que lo entendamos y sepamos elegir bien.

  4. Los danieles la primera es un fiel descripcion de corronell como los empresarios dueños de medios quieren callar la verdad y ser los q le ocultan y lamben al gobierno de turno , el segundo samper lo q muchos colombianos pensamos del congreso q de verdad es un nido de animsles q ganan mucho y nos roban , lo q les pagamos y bien caro q cobran x telerobarnos

  5. Lo único malo de este cambio es que Daniel Samper tuvo que actualizar su foto de columnista y ya no puede chicanear su mona cabellera. De resto, apoyo total y lectura permanente. Un abrazo de pascua desde la cuarentena.

  6. Es triste contar con tan pocos periodistas independientes en este pais de fanaticos, gobernado por buitres. Me alegra muchisimo seguir contando con los Danieles y sus geniales columnas, gracias infinitas a los dos.

  7. Gracias por continuar con su columna, estaré todos los domingos pendiente y si hay publicidad en el portal lo aceptaré con todo gusto

  8. Felicitaciones por la iniciativa.. Los “padres de la patria” ” boba” además vienen recibiendo salarios desde el mes de diciembre, llevan casi cuatro meses recibiendo alrededor de 30 millones de pesos cada uno, cuentan con las camionetas y esquemas de seguridad entregadas para su protección , es inaudito que en un país con tantas desigualdades sociales, donde millones de colombianos están padeciendo hambre, se estén entregando miles de millones de pesos a unos personajes que no trabajan habitualmente, menos en tiempos de Coronavirus. En Colombia la real pandemia que ha destruido al país es la corrupción y en ella Miles de politiqueros que fungen como “servidores públicos”.

  9. Señor, mis respetos! el apoyo a su tocayo en estos momentos da fe de su integridad y su sentido de equidad.
    Por supuesto que seguiré leyendo sus ocurrencias para decirles a ese grupo de “Ud no sabe quien…” de la forma como lo hace que hay una porción de colombianos que aprendimos a masticar desde la cuna.

  10. Excelente, columna lo felicito, una clara realidad de nuestra situación actual. Así que a tete trabajar vagos. 👏👏

  11. Las crisis siempre tienen que dejarnos algo nuevo, mejor y positivo: esta nueva publicación es un “deleite”, reflejo y resultado de una crisis del periodismo/negocio y, que surge en medio de una crisis mundial en la que no hay mucho Norte. Buen viento y buena mar.

  12. Muchas gracias Daniel por no desistir! su columna satírica y refrescante nos permite sumarnos a un pensamiento que cada vez es más juzgado y reprochado por quién pretende saber de ti a través de las redes.

  13. En Colombia pareciera que la inteligencia, el análisis crítico y la objetividad fueran una herejía. Lo que está bien está bien aunque a la mayoría de los colombianos su fanatismo no se los permita ver. Gracias por demostrar con hechos tus principios y valores. Uno no puede venderse x un plato de lentejas.

  14. Maravilloso que tengamos a los dos columnistas juntos, independientes y sin presiones de nadie. Esperemos que se unan otros más. A Semana con su nueva cara uribista, se le fueron las dos cosas que no saben que son esenciales para cualquier cosa en la vida: la inteligencia y el humor.

  15. Seguiremos informados atraves de sus columnas, se hace necesario conocer siempre la verdad y sobre todo si viene de los exelentes Danieles

  16. Daniel muy bueno, hace rato no me reía tanto, gracias, con su acostumbrado humor, critica a todo el mundo , imagino que la mayoría ni podrán entender que los estan poniendo en evidencia.

  17. Me da mucho gusto saber que voy a poder seguir leyendo sus columnas. Con ese sentido del humor nos ayuda mucho a mirar cara a cara la tragedia en que la sinvergüencería y la desfachatez de muchos políticos han sumido a este pobre país nuestro. Gracias.

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